Mucho antes de convertirme en comercial de seguros, antes de ser agente de Círculo de Lectores, abuela, Profesora de Química...madre...mucho antes...fuí actora de guiñol!!!
No teníamos los niños ordenadores, ni Nintendo, ni Play Station...jugábamos a "los niños normales" como dicen hoy mis nietos... Y en unas interminables vacaciones de verano organizamos un teatro en casa de Miki. Tenía la casa un garage precioso con un armario de puertas que podían abrirse completas o por la mitad: ¡pura magia! Abriendo las puertas superiores se convertía en un retablo perfecto para nosotros, improvisados titiriteros escondidos como podíamos tras la parte de abajo de las puertas.
Los títeres eran caseros, de papier maché, creo que el artesano era Miki, el diseñador de vestuario, Fernando...y los guiones mitad improvisados y mitad "adaptaciones libres" de los dibujos animados (muñes, entonces) que veíamos en la televisión, en blanco y negro, claro, y solamente a partir de las 6 de la tarde...
Pasábamos los tres un calor infernal dentro de aquel escenario, pero debíamos ser muy buenos en el oficio, porque lográbamos llenar el garage con cuanto niño había en el barrio...todos se quedaban hasta el final de la función y aplaudían con delirio las peripecias de los muñecos.
¿El número favorito? ¡La culpa de todo la tiene el Totí! Aquélla muñequita negra bailaba y cantaba que daba gusto!!!
Mati, entrañable, nos hacía limonada para la merienda...y por supuesto, ¡garantizábamos lleno completo para la siguiente función!
Entonces, al ver el éxito que cosechábamos, se nos ocurrió una idea fatídica...¡cobrar la entrada a unos pocos centavos! Logramos reunir una calderilla para las meriendas y...se acabó. No nos dejaron (¡ay, los incomprensivos adultos!) continuar con nuestro incipiente proyecto empresarial...
miércoles, 25 de agosto de 2010
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